domingo, 20 de diciembre de 2015

Diciembre en Chile

30 de noviembre de 2015. En Santiago de Chile huele a verano, las tardes son largas y el cuerpo, que ya estaba en modo invierno, no entiende muy bien qué pasa pero lo disfruta igual. Nos quedamos en Lastarria, un barrio chic en el centro de Santiago, cerca de la Universidad y con muchos restaurantes. Es mi primer contacto con el sushi chileno, el ceviche, los coyuyos, el pescado y el pisco sour. Esto de venir con alguien que conoce el lugar es una maravilla. Me gusta el centro de Santiago, tiene un cierto aire europeo, excepto por los predicadores nocturnos y los cafés de señoritas.
Al principio me cuesta entender a los chilenos, hablan muy rápido y con expresiones y palabras que no conozco. Nada como unos días muestreando con un grupo chileno en los Andes para aprender. Aquí la magnitud de las montañas es diferente y la vegetación también. Es el inicio de la primavera en alta montaña y, además de bonito, es muy interesante. Acabamos recogiendo muchas más muestras de las planeadas, algo que se convertirá en rutina en este viaje.

Tras los primeros muestreos bajamos a Concepción, y de repente parece que nos hemos trasladado al centro de Portugal. Eucaliptos, pinos, acacias y todas las hierbas europeas rodean a Concepción. Esto sí que es invasión biológica. Durante mi primer asado chileno nos cuentan muchas historias del terremoto que asoló Concepción hace pocos años. Como si la naturaleza quisiera participar en la conversación todo tiembla de repente. Dura poco y nadie le da importancia, aquí no llega a categoría de terremoto aunque haya sido de 5,3. Es lo que tiene vivir en un país encima del Anillo de Fuego del Pacífico. Aquí en las playas hay avisos de que estás en zona de tsunami. Como para bañarse.


El día de descanso nos acercamos a Nahuelbuta, el parque natural donde la estrella es la Araucaria araucana. Después de tanta plantación de pino y eucalipto llegar a esta reliquia de bosque nativo es como entrar en otra dimensión. Las araucarias son enormes, extrañas, prehistóricas, y están acompañadas por dos especies de Nothofagus, las hayas del sur, formando un bosque lleno de líquenes. Es como estar en Parque Jurásico. El paseo que hacemos dentro del parque es hermoso, vemos pájaros carpinteros y cacatúas, y echamos de menos que aparezcan dinosaurios entre la niebla. El viaje ya está en su mitad, y como en todo buen viaje, la llegada a Chile ya se encuentra en un pasado muy  lejano. Mucha información nueva se condensa en estos días: paisajes, gente interesante, plantas y flores sorprendentes, y además trabajando.

A partir de hoy comienza la siguiente etapa que nos lleva al norte. Tomamos el bus nocturno de Concepción a Santiago. Recorremos las calles desiertas de Santiago a las seis de la mañana hasta conseguir desayunar en un local alternativo con Silvio Rodríguez de fondo. Nos da tiempo a trabajar y tener una reunión antes de tomar el avión con destino Antofagasta. No se puede decir que no aprovechamos los días.

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